miércoles, 28 de julio de 2010

De la pertinencia de la Biblioteca Itinerante



Las bibliotecas son fundamentales en la democratización del conocimiento. Sin embargo, una mirada a la distancia indica que el lugar de las bibliotecas en el siglo XXI no parece tan definido. Cada vez sabemos menos acerca de ellas. Al parecer son relegadas al grado de estar como gigantescos elefantes blancos. ¿Para qué se instauraron las bibliotecas? ¿Quién hace uso de ellas y para qué? La investigación de Gómez Hernández (2002) señala que: “Actualmente una biblioteca es un servicio que tiene como fin resolver problemas de información de sus usuarios, utilizando colecciones documentales y recursos electrónicos, que proporcionan y ayuda a utilizar”. La potencialidad de la biblioteca no se reduce a lo que Gómez Hernández nos indica, sino que va más allá. Es evidente que hay una interrelación profunda y delicada entre la biblioteca y el usuario mediada por la voluntad del usuario y los contenidos de la biblioteca. Es una relación profunda porque usuario y biblioteca se actualizan en su encuentro. Es una relación delicada porque en cualquier momento se puede romper, si el usuario no encuentra lo que busca y, si el usuario no acude a la biblioteca ésta simplemente deja de ser.

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Desde esta perspectiva. Se piensa que la biblioteca está en crisis. No se conoce el problema de fondo, pero es evidente que las bibliotecas están en transición. Los usuarios cada vez son menos, las consultas asisten más a lo electrónico que a lo impreso. Nos encontramos en la llamada sociedad de la información. Pero no es la biblioteca la fuente de la información, sino las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

Muchas alternativas se estarán considerando. Para hacer frente a los nuevos retos que los usuarios de la sociedad de la información están planteando. Nosotros queremos proponer en este rubro una alternativa que no pretende ser solución, pretende acercar a la lectura del mundo, descubrir la importancia del acto de leer y descentralizar el acervo cultural.
En este marco es necesario que salgan de su recinto y vallan en busca de sus posibles lectores. Por lo tanto una biblioteca itinerante es urgente. La biblioteca itinerante que hemos venido pensando tiene como objetivo general: la recuperación, reconstrucción y difusión del pensamiento originario. El objetivo que tenemos se ciñe en un marco latinoamericano. Es sabido que la tarea por recuperar lo propio viene acompañando al pensamiento de Latinoamérica y el Caribe desde el siglo XX. No haremos aquí un recuento de la diversidad de trabajos que se realizaron con este fin. Sino que a partir de éstos nos situaremos en una idea que Enrique Dussel retoma del pensamiento occidental: la de-strucción del pensamiento. Dicha así es inverosímil. Pero tal y como Dussel la plantea en “Para la…” ayuda a fundamentar nuestra posición. Entendiendo que:
La de-strucción no es ne-gativa en referencia al pasado; su crítica afecta al hoy. La de-strucción no quiere sepultar el pasado en la nada; tiene una mira positiva: “Ablandar la tradición endurecida y disolver las capas en-cubridoras producidas por ella”. P. 6
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¿Sin embargo cómo de-struir la historia? Sólo será posible a partir del conocimiento de la misma historia. Si el principio para la de-strucción de la historia es el conocimiento de ella, se sabe que la sociedad no está en condiciones para comenzar con la recuperación del pensamiento. Es precisamente este punto que la biblioteca itinerante pretende afrontar. Pero no es posible iniciar con “lecciones” de historia. Porque la historia es mucho más de lo que se puede decir en una lección. Entendemos al ser humano como sujeto histórico, de tal manera que, los modos en que lea y escriba el mundo serán considerados como históricos. Debemos tener cuidado para no caer en los extremos y para no anularlos gratuitamente. De tal forma que podamos comprender los diversos niveles de hacer historia; sin caer, por un lado, en el cientificismo que acepte sólo como histórico hechos que cumplan con las características propias . Y, por el otro, en aceptar que todo hecho es histórico. De tal suerte que sabremos ubicar ciertos hechos en su justa dimensión. Unos que son trascendentales para la comunidad y otros que son fundamentales para cada sujeto. Por lo tanto la biblioteca itinerante tendrá en cuenta la posibilidad de ambos hechos.
No consideramos que la Biblioteca Itinerante sea la única alternativa desde la que se pueda formar sujetos críticos. Es evidente que existen instituciones que trabajan arduamente en ello. Sin embargo, adolecen de algunas limitaciones. Limitaciones que se siñen al objetivo de su instauración. Las instituciones educativas bilingües, se limitan al tiempo establecido y van dirigidas a un grupo especifico (edad). El INEA, no acentúa el contexto y se centra de manera puntual en la educación de adultos. Las bibliotecas municipales, en el mejor de los casos, complementan a las instituciones educativas y se conforma a penas con los textos básicos. La biblioteca que proponemos no pretende llenar los espacios vacíos, considera sumarse al esfuerzo de las instituciones mencionadas.

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